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Tras años viviendo, estudiando y trabajando en diferentes países, soy capaz de ver ahora, pasado un tiempo, todo lo que cada uno de los momentos vividos me ha aportado y como todo eso ha hecho de mi la persona que soy hoy. Pero esto no siempre fue así, mientras estás viviendo todas esas cosas nuevas realmente no eres consciente, porque simplemente se convierte en tu nueva vida, lo que haces cada día y eso no te permite ver la diferencia de una manera tan clara como cuando lo asimilas.

Por lo general, siempre que se habla de salir a vivir una experiencia en el extranjero ya sea para trabajar, estudiar o simplemente vivir durante un tiempo, se suelen contar los múltiples beneficios que esto te aporta, los cuales son ciertos y te hablaré muy a menudo de ellos; pero hoy he decidido traerte algo diferente basado en mi propia experiencia y dejando una reflexión acerca de los momentos no tan bonitos cuando estás fuera de casa, de los cuales no se habla tanto pero los cuales son necesario conocer, y debes contar con ellos para comenzar tu aventura.

No entiendes nada

Ha llegado el momento. Llegas a tu destino y tú, que has estudiado tanto, que has hecho mil exámenes en los que has sacado buenas notas, que llevas tiempo apuntado en la mejor academia de tu barrio y de hecho tienes un título que acredita tu nivel… llegas a tu destino y no entiendes 3 de cada 5 palabras que te dicen. El acento es completamente diferente, hablan deprisa, acortan palabras… no es lo que tú has aprendido y el hecho de que tengan que repetir la misma frase varias veces hace que te sientas frustrado.

Recuerdo cuando llegue a Londres, con mi nivel de inglés aceptable para sobrevivir y de repente no entendía ni una palabra de lo que me decían en los servicios públicos ¡qué frustración!

Este hecho puede parecer a priori algo por lo que debes pasar, pero el hecho de estar tu solo en un lugar desconocido, con un montón de trámites que llevar a cabo y sin entender la mayor parte de las cosas que te dicen, y por lo tanto sin poder expresarte correctamente, puede hacer que tu auto confianza disminuya momentáneamente.

Es importante que comprendas que esto es algo que inevitablemente se puede dar, pero que como tantas otras cosas, pasará. Cuando tu oído se acostumbre, conozcas gente y tengas que hablar si o si, verás cómo sin darte cuenta, serás uno más de esos que hablan deprisa y no se les entiende.

Empezar de cero y sentirte completamente perdido

Allá dónde fueres haz lo que vieres, es un dicho popular que tiene mucha razón. Al sitio donde decidas mudarte tendrás que ser consciente de que no tienen por qué tener las mismas costumbres y normas que tú has aprendido desde pequeño y que, en este caso eres tú quien debe modificar ese aprendizaje para adaptarte de manera adecuada al estilo de vida de tu nuevo destino.

Habrá momentos en los que te enfades, porque no entiendas porque se tienen que hacer ciertas cosas de una manera concreta y te sentirás perdido sin tener a nadie en quien apoyarte o que pueda dar la cara por ti, pero es parte del proceso de crecimiento. Solamente empezando desde cero, madurarás y tu mente comenzará a abrirse viendo todo desde un punto de vista diferente.

Todas tus emociones se multiplican por mil

Tanto lo positivo como lo negativo lo verás incrementado de un modo que probablemente no pasaría si estuvieses en casa. Cuando consigas cosas simples que en principio si estuvieses rodeado de los tuyos y tu ambiente, no celebrarías, al estar fuera de casa lo verás como una gran victoria, te sentirás el amo del universo y querrás compartir esos triunfos con todo el mundo.

Por otro lado la negatividad y los malos momentos también se multiplican. Cualquier pequeña dificultad o duda crearán una enorme sensación de angustia y es muy probable que termines dándole vueltas muchísimo más tiempo de lo estrictamente necesario a temas que cuando los mires con el tiempo pensarás que no tenían tanta importancia.

Aún así, te daré un consejo: disfrútalo. ¿Crees que es tan malo sentir todo con tanta intensidad? Yo más bien lo veo como un regalo para recordarte lo que estás viviendo.

Soledad

Hay una cosa de la que, siempre que he vivido fuera me he dado cuenta y creo que se habla muy poco de ello. Normalmente cuando estás en otro país tiendes a conocer a gente que está en tu misma situación, personas que se han mudado desde otras partes del mundo a la misma ciudad que tu para estudiar o trabajar. Por lo general, en estas ocasiones se suelen crear eventos o actividades para que puedas conocer a gente. Hablarás con muchas personas, te contarán que hacen y que les ha llevado hasta allí y cada una de ellas te aportará algo diferente pero probablemente luego no les vuelvas a ver.

Puede ser que las primeras semanas o incluso meses sean así y no consigas encontrar a ese grupo con el que poder hacer piña y expresarte con total libertad. En realidad esto es normal, pues cuando te vas a vivir una experiencia fuera de casa quieres vivir aventuras, conocer a mucha gente y hacer planes distintos todos los días, pero las personas que te rodean también y eso incluye quizás no volver a llamarte.

Este hecho, sumado a que echarás de menos a tu familia, tus amigos y todos los nuevos trámites que tienes que hacer pueden llegar a hacerte sentir muy solo y cuestionarte si es lo que esperabas.

Es posible que, como te explico pase un tiempo hasta que consigas conectar con alguien y te sientas totalmente a gusto, pero cuando esto pasa, los vínculos que se crearán serán tan fuertes, que será algo muy difícil de romper, porque todo lo compartido os unirá siempre.

El dinero se convierte en el protagonista de tu vida

Dicen que el dinero no da la felicidad y yo personalmente estoy totalmente de acuerdo, pero si es cierto que cuando sales de casa, con cierta cantidad de dinero para vivir una experiencia increíble, empezarás a darte cuenta de lo mucho que cuesta ahorrarlo y lo rápido que  se va. Fianza para una casa por aquí, compra en el supermercado, tienes que comprar ropa de cama, muebles, ropa de trabajo… y de repente todos esos ahorros se esfuman antes de que te puedas dar cuenta. Te pondrás a echar cuentas y verás que puedes sobrevivir poco tiempo más con lo que te queda.

En ese momento te llevas las manos a la cabeza y empiezas a hacer malabares porque te da miedo pensar en quedarte sin nada, y aunque desde casa tu familia te puedan echar un cable, lo más normal es que quieras hacer todo por ti mismo.

Comenzarás a darle mucha más importancia al dinero y siempre pensarás en tu bolsillo antes de hacer cualquier cosa, lo cual por un lado te hará sentirte mal por no poder hacer todo lo que te gustaría, pero por otro lado te ayudará a desarrollar nuevas técnicas que antes desconocías de ahorro, vivir con menos, buscar oportunidades, por lo que a la larga se convertirá por supuesto en algo positivo que te habrá enseñado a valorar más lo que tienes y a crear nuevos sistemas para vivir sin derrochar, algo a lo que estamos muy acostumbrados.

Pasarás de ser un turista a convertirte en un hater

Tenías tantas ganas de mudarte… habías leído tanto sobre ello que el simple hecho de pisar tierra tras bajar del avión te emocionó y comenzaste en seguida a vivir tu fase flash en la que todo reluce, todo es nuevo y bonito, tienes ganas de recorrer cada nuevo rincón y te encanta el transporte público de tu nueva ciudad y además, oye, ¡qué bien funciona! Te pasarás el día entero haciendo fotos pero… tengo que recordártelo: pasarás esa fase bastante pronto y empezarás a ser un ciudadano más, con un trabajo y tareas diarias que realizar y empezarás a comparar todo “es que esto no me había pasado nunca, es que como pueden funcionar las cosas así, es que el autobús siempre sale tarde…”

¡Felicidades! Habrás pasado de amar lo que te rodea a ser otro ciudadano al que ya nada le parece nuevo y esto puede que te lleve a momentos de indecisión en los que te replantearás que estás haciendo y si vas por el camino adecuado.

¿Y porque no sales de dudas? Mi consejo es que simplemente continúes viviendo el día a día y ver hacía donde te lleva. Te sorprenderás a ti mismo.

Cambios en tu cuerpo

Al vivir en otro país debido al clima, el estilo de vida y sobre todo la comida, tu cuerpo sufre un montón de cambios. Esto lo he visto tanto en mí como en amigos constantemente, y es una de las partes que sin duda nos gustaría que no existiese.  

Al vivir en Inglaterra adelgacé sin pretenderlo y comiendo lo que quería, sin embargo al vivir en Estados Unidos engordé casi 15 kilos sin darme cuenta e intentando cuidarme (imagina mi cara el día que me pesé y vi eso). También se pueden dar algunos problemas de acné o sequedad en la piel debido al cambio de clima.

Afortunadamente esto no siempre tiene por qué pasar, depende mucho del momento y del estilo de vida que se lleve en tu destino, pero es algo que hay que tener en cuenta, ya que también puede llegar a afectarte.

Te das cuenta de quién es tu amigo y quien no

Quizás esta es una de las partes más duras, y es que es cierto que cuando te vas no todo el mundo permanece a tu lado.

Es muy fácil cuando estás en tu país quedar con tus amigos, pasarlo bien y pensar que siempre estarán ahí porque os lleváis súper bien. Cuando comuniques tu decisión de irte a vivir a otro país os diréis que nada va a cambiar y qué vais a hablar todas las semanas pero cuando llevas un tiempo fuera, te das cuenta que estáis viviendo cosas y estilos de vida diferentes y esto os llevará a distanciaros. Ambas partes pasaréis por momentos difíciles y ahí es cuando os daréis cuenta de si sois verdaderos amigos.

En lo personal, al haber vivido mucho tiempo fuera he reducido mi grupo de amigos, con todo lo que esa palabra conlleva, a bastante más de la mitad. ¿Crees que esto es malo? Todo lo contrario, es muy necesario e inevitable saberlo. Todo en la vida cambia y las personas también lo hacemos, por lo que este tipo de experiencias nos permiten conocernos más a nosotros mismos y al círculo que nos rodea.

No estarás presente en momentos y fechas importantes

Así es. Te has mudado, ya sea a corto o largo plazo, pero lo cierto es que no estarás allí. La gente lo sabe y poco a poco dejará de contar contigo para todos esos planes que solíais hacer tan a menudo. Te perderás el cumpleaños de tu madre, la boda de tu amiga, los cumpleaños de tus primos…

Aunque al principio puedas ir de vez en cuando para celebrar junto a los tuyos alguna fecha importante, poco a poco empezarás a tener menos tiempo, los vuelos serán caros o simplemente te apetecerá explorar otras opciones y tendrás que aprender a alegrarte por que se puedan seguir celebrando todos esos momentos, pero tú no estarás ahí en más de una ocasión.

Todo tiene una parte positiva y es que, aunque tú faltes en ocasiones, aquellas en las que si estés, las vivirás tanto tu como los tuyos con muchísima más alegría y esto te aseguro que te compensará.

Incomprensión

Debes tener en cuenta que vas a tener que aguantar el sentirte incomprendido durante mucho tiempo. Habrá gente que no entienda para nada porque has tomado la decisión de irte, teniendo todo lo que aparentemente necesitas en casa. Te repetirán de manera constante que no entienden porque quieres ir a pasar “penurias” al extranjero, que vas a hacer allí solo o cómo vas a salir adelante.

Escucharás todo tipo de comentarios y probablemente llegarás a sentirte mal por la decisión que estás tomando.  En momentos así solo te puedo recordar algo que me encanta pensar cada vez que dudo sobre algo: Es mejor que mires atrás y pienses “¿cómo pude hacer eso?” a pensar “¿qué hubiese pasado si lo hubiese hecho?”

Culpabilidad

Esto es una cuestión sobre todo familiar. Tengo claro que por mucho que crezcamos, siempre seremos los niños/as de la casa, y ver como tu niño/a no se queda a tu lado y decide tomar un camino totalmente opuesto debe ser difícil. Aunque no seas madre o padre, esto es algo fácil de entender; pasamos gran parte de nuestra vida unidos a nuestra familia y de repente tú decides irte. Todos se quedarán con una preocupación enorme por saber si estarás bien, que te pasará y en definitiva si encontrarás buenas oportunidades allá donde vas.

Habrá momentos en los que tus familiares te necesiten y tu no estarás y eso hará que te sientas culpable y tengas una mezcla de sentimientos con los que tendrás que lidiar.

La parte positiva es que tú estás viviendo un gran cambio y a pesar de que para tus familiares será duro, ellos finalmente también cambiarán y entenderán tus motivos para querer dar este paso.

 

Y ahora, después de lo leído te preguntarás, ¿merece la pena pasar por todo esto? Como ya te he ido comentando en algunos puntos, toda parte negativa tiene su parte positiva, y desde luego desde mi punto de vista, merece la pena totalmente pasar esos momentos difíciles solo por la recompensa final. Todo lo que hagas va sumando y va a formar parte de ti. Si es positivo genial y si en ese momento lo ves como algo negativo, aprenderás y mejorarás, créeme.

 


¿Has pasado por alguna de estas situaciones o alguna otra diferente? ¿Qué hiciste para superarlo? Cuéntamelo en comentarios, ¡me encantará leerte!

Me considero una inconformista por naturaleza, buscadora de nuevas oportunidades y amante de emprender nuevos caminos. Tras años buscando nuevas experiencias que vivir en el extranjero para completar mi perfil profesional, he decidido comenzar con mi proyecto Vive tus Vueltas, para ayudarte y que tu puedas hacer lo mismo y tengas mejores oportunidades en el futuro.

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